jueves, 3 de mayo de 2007

¿Vale?
Pues a ello.
Siempre buscar, siempre llamar, siempre cuidar, siempre preocuparse por los demás...
¿Quién busca, llama, cuida y se preocupa de mi vida?
Egoísmo: vivir para nosotros mismos.
Esa es la calve.
Pues vale.
¿Es amor o es sometimiento?
Me miro a espejo y veo a un hombre viejo y derrotado.
Sin esperanzas. Sin sueños.
Rodeado por trozos de nada. Rodeado por manos y bocas plañideras que exigen sin parar como niños hambrientos, como animales que alimentar.
Y yo soy la carne de la que se aprovechan.
Todo es droga: la música, la pornografía, el dolor o la risa ajena; hacernos los suecos; soñar en el vacío; una mano pidiendo ayuda; una boca exigiendo atención; un bebé que nace o una vieja que muere sola.
Sí: me odio a mí mismo.
Nadie me quiere.
Nadie.
Ni yo.
Siento deseos de arrancarme la piel a tiras. De hundirme en una piscina de agua caliente, de aceite al rojo, de hierro fundido. Sentir el calor que carcome lentamente destruyendo piel, músculos, tendones y huesos hasta alcanzar la coraza de mi alma. Destruir poco a poco con el mayor de los dolores esa cubierta repleta de hollín, de orín y desgracias.
Apartar mi vista de lo que ya me aburre; olvidarme de los lazos adquiridos sin sentido, de las deudas que se acumulan, y de la eterna sensación de ir a la deriva...
Sí: me detesto a mí mismo.
Rabia, frustración que emerge como lava desde el centro de mi ser hasta mi boca y se escupe manchando todo a su paso, marcando con candente violencia mi propia vida. Llego a odiarme a mí mismo, a las circunstancias que me rodean... Quiero irme, deshacerme de este yo inútil, ciego y sordo a las señales de su proio interior, que lo impelen a cambiar para siempre, a olvidar lo que no importa: amores que no tienen sentido, profesión cada vez más empeñada; deudas de compromisos adquiridos, futuro incierto que se aventura a teñirse cada vez más con los colores del presente.

martes, 17 de abril de 2007

Indiferencia absoluta.
No puedo seguir así. Tiene que haber un final.
Tengo que calmarme.
¿Hay alguien esperándome ahí afuera?
Estoy en Sevilla. Otra vez. Solo. La última vez estuve solo pero acompañado. Tenía una ilusión, No: vivía ilusionado. Que es distinto. Y cuánto actualmente.
Lo extraño demasiado. Más cada día (¿y cómo es posible?) A pesar del tiempo transcurrido. Y sin motivo. Nunca los hubo habido: ni antes, cuando vivía ilusionado sin esperanzas; ni ahora, sin ilusión alguna.
Es un círculo que se cierra. Inicio y fin. Todo concuerda: fue en abril. Primavera en Sevilla.
El mundo ya no es el que era.

lunes, 9 de abril de 2007

Cansado del estancamiento, pido paz y basta ya.
Andado el camino encontraré las huellas necesarias, las señales útiles, el fin.
Esa es la esperanza. La fe que mueve montañas.
Pero por ahora basta que me mueva a mí.

miércoles, 28 de marzo de 2007

¿Vale de algo ser diferente?

viernes, 16 de marzo de 2007

Silencio.
Silencio grávido, que piensa.
Silencio...

martes, 6 de marzo de 2007

Agua corriendo. Comienzo del deshielo. Árboles en flor. Salidas nuevas a viejas encrucijadas.

lunes, 19 de febrero de 2007

Vida congelada, en coma.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Nada que decir...
No. Mucho que decir. Pero enmarañado, dificultoso, enrevesado, ausente.
Limpieza de los pasillos del alma y del cuerpo. Arrancamiento de las malezas que bordean el camino del corazón.