martes, 21 de julio de 2009

Pensé que el amor me daría fuerza (y sí, me las dio.)
Pensé que el amor lo justificaría todo (y sí, lo hizo.)
Pensé que el amor me iba a transformar, ayudándome a romper la crisálida (y sí, pudo haberme ayudado.)
Pero no su amor. Porque nunca le he interesado.
La vida es actividad, lucha y cambio; exposición, sufrimiento, crecimiento y ligereza; olvido y tranquilidad; desazón y ordinariez; bajeza y servidumbre; desamor y nada.
La vida que me da miedo vivir; que me da miedo sufrir; que involuciona hacia el estado de quietud máximo, que ni siquiera es morir, porque para morir hay fragilidad tras el movimiento; y yo, ahora, ni siquiera tecleo estas palabras, ni siquiera me hallo en mí.
Estoy enganchado a la inactividad, al no sufrimiento, al no correr riesgos, a la no-vida.
Y eso no es vida.
En esta lucha sin tregua, en esta sinrazón, me devano los sesos guerreando hasta el cansancio contra mi propia naturaleza, mi verdadero ser.
Es parir sin querer parir, llorar sin querer derramar lágrimas, vivir sin si quiera dar un paso.
En este estado de congelación inane, mi corazón continúa latiendo, mi cerebro pensando y mis sueños arrojando sus luces y sus sombras atractivas.
Me debato entre la evolución y la dejadez, entre el odio a mí mismo y el odio al amado, y pierdo en todos los frentes.
Me quedo sentado haciendo nada, y mi interior se regocija haciéndome sufrir.
En esta sin razón velo día y noche, y no creo saber cuándo decir basta.
Siento mi revolución interior cómo azota con vientos inmisericordes las fronteras de mi ser. Estallo en mil pedazos arrastrado por la fuerza de la lluvia que parece no detenerse nunca. Es una locura luchar contra nuestra naturaleza, pues se revela demasiado poderosa y única, pues se rebela sin piedad, arrastrando todo a su paso: mi cansancio, mi descanso, mi sueño, mis fuerzas, mi inamovilidad.

martes, 23 de junio de 2009

Y todo quedará atrás.
Sólo un sacrificio más, por ti. La última copa. El último beso. La última lágrima.
Ahora no sólo viviré en soledad, sino también rodeado de cenizas. De tus cenizas. De las mías.
Ahora lanzo al fuego todo; veo arder en sus llamas todo lo que fue, lo que pudo haber sido y lo que ya nunca será, ni siquiera en mi imaginación.
He luchado denonadamente por mantener un amor destructivo, por tenerte cerca, en mi cuerpo y en mi mente, para nunca olvidarme de ti. Pero no mereces este esfuerzo titánico; si te preguntase, nunca te interesaría saber el precio, el esfuerzo ni el resultado.
He luchado, rompiéndome en el proceso, destrozando en esa lucha contra lo imposible mi propia estabilidad, mi sentido común y mi alegría.
La Noche de San Juan se abre a mis ojos. Una hoguera gigante arde en mi corazón destrozándolo todo.

jueves, 11 de junio de 2009

Me odio por ti.
Y, mientras me odie, nunca habrá paz.
Me odio porque no me acerco ni remotamente a la mejor imagen de mí.
Me odio por mi obsesión, y mis justificaciones, y mis flaquezas.
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿POR QUÉ?
¿Por qué no puedo pasar de ti como tú de mí?
¿Por qué el amor, si es amor, es tan doloroso?
Me odio porque te quiero.
Porque soy incapaz de olvidarte.
Me odio.